Durante los primeros años de vida, el cerebro de un niño crece y se organiza a una velocidad impresionante.
Cada experiencia, movimiento, sonido y contacto contribuye a construir las redes neuronales que definirán su forma de aprender, comunicarse y relacionarse con el mundo.

En la IPS Con-sentidos, este enfoque combina ciencia, juego y acompañamiento profesional para que cada niño desarrolle su máximo potencial.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando estimulamos adecuadamente?

Desde la neurociencia, se sabe que las experiencias repetidas, significativas y multisensoriales fortalecen las conexiones neuronales.
Esto quiere decir que cuando un niño explora, se mueve o juega con propósito, su cerebro crea y refuerza sinapsis, lo que impacta directamente en sus habilidades motoras, cognitivas, emocionales y sociales.

Las actividades de estimulación adecuada no se centran solo en “hacer más cosas”, sino en hacer lo correcto en el momento oportuno, acompañando los hitos del desarrollo y favoreciendo la madurez de cada sistema sensorial.

Ventanas de oportunidad y señales de alerta

Cada etapa del desarrollo tiene un periodo crítico o “ventana de oportunidad” en el que el cerebro está más receptivo para aprender ciertas habilidades.
Por eso, una estimulación temprana y bien dirigida puede marcar la diferencia en:

  • El control postural y la motricidad gruesa.
  • La coordinación fina y la exploración sensorial.
  • La comunicación y el lenguaje.
  • Las habilidades sociales y emocionales.

Asimismo, identificar señales de alerta como falta de contacto visual, escasa respuesta a estímulos o retrasos motores permite intervenir a tiempo y evitar dificultades futuras.